La gestión estratégica de la biodiversidad exige que las empresas:
El eje central de esta estrategia es la jerarquía de mitigación, un marco que requiere:
La literatura científica advierte de manera contundente que las metas corporativas de naturaleza positiva carecen de validez si socavan o flexibilizan esta jerarquía.
Para garantizar la eficacia de estas estrategias, es indispensable abandonar evaluaciones superficiales e implementar métricas espacialmente explícitas y de base científica, como el riesgo de extinción de especies o la integridad de los ecosistemas. Estas herramientas permiten que las organizaciones midan con precisión sus impactos reales, diseñen intervenciones ecológicamente equivalentes y focalicen sus esfuerzos donde puedan generar ganancias demostrables.
La interacción empresarial con la biodiversidad opera bajo una lógica de doble materialidad: las organizaciones enfrentan riesgos financieros por su dependencia de las contribuciones de la naturaleza —que pueden perderse por la degradación de los ecosistemas y el colapso de la biodiversidad— y, al mismo tiempo, enfrentan riesgos regulatorios y reputacionales derivados de los impactos que sus propias operaciones generan sobre ella.
Sin embargo, una gestión basada en datos, implementada a una escala apropiada y con una mirada socioecológica puede transformar estas amenazas en beneficios tangibles. Abordar la restauración con enfoques de optimización espacial permite que las empresas maximicen el ahorro de costos operativos y contribuyan a la mitigación climática global. Asimismo, integrar la dinámica natural en la planificación corporativa asegura la resiliencia a largo plazo de las cadenas de suministro y garantiza la provisión de valores socioeconómicos fundamentales para el negocio.
La resiliencia socioecológica es la capacidad de las comunidades y los ecosistemas para anticipar, responder y adaptarse a cambios, perturbaciones e incertidumbres, reorganizándose de manera que mantengan las funciones ecológicas y sociales que sustentan el bienestar, los medios de vida y la biodiversidad. Esta capacidad puede fortalecerse no sólo a través de la conservación y preservación de áreas naturales esenciales, sino también mediante procesos de aprendizaje colectivo y la gestión participativa de la biodiversidad.
Por ejemplo, en Santander el conocimiento que las comunidades pesqueras han construido sobre la biodiversidad de los ecosistemas acuáticos, constituye una base fundamental para la toma de decisiones informadas sobre el territorio. Es importante la articulación de estas comunidades porque ellas reconocen y hacen seguimiento, desde su cotidianidad, a especies de importancia como el Manatí antillano (Trichechus manatus), cuya presencia, abundancia o ausencia señala cambios en la salud del ecosistema. En ese sentido, con estos cambios las comunidades comprenden la dinámica de la especie persé; articulándose con base a su conocimiento local e información técnica que propicia su participación en la conservación. Fortaleciendo estas capacidades, se impulsan prácticas más sostenibles y se consolidan mecanismos de gobernanza local que favorecen la adaptación frente a cambios ambientales y sociales, robusteciendo la resiliencia socioecológica.
Por otra parte, en Casanare, la resiliencia socioecológica se fortalece mediante la diversificación de los medios de vida a través de iniciativas de turismo de naturaleza y aprovechamiento sostenible de la biodiversidad. Estas alternativas amplían las oportunidades económicas de las comunidades, reducen la dependencia de una única actividad productiva y aumentan su capacidad para afrontar fluctuaciones ambientales, económicas y sociales. Al mismo tiempo, generan incentivos para conservar los ecosistemas que sustentan estas actividades, contribuyendo a mantener los procesos ecológicos y fortalecer la identidad territorial.
La evaluación de la resiliencia socioecológica (interacción entre grupos humanos y los ecosistemas) proveerá información real y objetiva acerca de las diversas presiones ejercidas sobre los recursos naturales en territorios de la Orinoquia: el Río Tillavá y el Piedemonte del Meta y el Casanare; y del Magdalena Medio por medio de una mirada regional, permitiendo así predecir la respuesta del socioecosistema frente a intervenciones por parte del sector privado u otros actores con presencia en los territorios.
Para lograr un análisis certero, expertos del Instituto Humboldt generarán una metodología novedosa de evaluación de la resiliencia del socio ecosistema con el fin de obtener indicadores y entender hasta dónde es posible intervenir territorios y sus áreas naturales, de manera que no se altere su equilibrio o configuración.
Además, con el apoyo de la infraestructura institucional de datos e información, se desarrollará una herramienta de simulación para pronosticar la respuesta y posibles transformaciones esperadas de los territorios ante intervenciones futuras. De esta manera, el país contará con un instrumento que soporte la toma de decisiones informadas, ofreciendo opciones de planificación del territorio, y teniendo en cuenta las características particulares de los sistemas socioecológicos.