El ADN ambiental (eDNA, por sus siglas en inglés) es el material genético que los organismos liberan de manera natural en su entorno, ya sea en agua, sedimento, suelo o aire, a través de células, piel, heces o secreciones. Su recolección y análisis mediante técnicas genéticas permite identificar las especies presentes en un lugar sin necesidad de capturarlas ni observarlas directamente. Por esta razón, el eDNA se ha consolidado como una herramienta no invasiva y altamente eficiente en la generación de información valiosa para la conservación, el monitoreo y el manejo sostenible de los ecosistemas.
En los estudios de biodiversidad se emplean tres aproximaciones ampliamente reconocidas. El barcoding utiliza una región corta y estandarizada del ADN para identificar especies individuales, de esta manera, funciona como un “código de barras genético” que permite diferenciarlas con precisión. El metabarcoding amplía este enfoque al analizar simultáneamente múltiples especies en una sola muestra ambiental mediante la secuenciación de regiones génicas variables que permiten describir la composición de comunidades biológicas. Finalmente, la metagenómica no se limita a regiones específicas, sino que secuencia todo el ADN presente en una muestra, ofreciendo una visión integral de la diversidad y de las funciones metabólicas de los microorganismos presentes en un ambiente determinado.
El monitoreo es el registro y análisis sistemático y continuo de los cambios en la biodiversidad a lo largo del tiempo. Para llevar a cabo este proceso, se tienen en cuenta grupos biológicos que funcionan como bioindicadores de la salud de los ecosistemas, ya que permiten comprender las variaciones asociadas a presiones ambientales y antrópicas (p. ej., algunas especies de macroinvertebrados acuáticos y polinizadores). Para su seguimiento se integran métodos tradicionales de muestreo e
identificación con herramientas innovadoras como el ADN ambiental (eDNA, por sus siglas en inglés), lo que amplía significativamente la capacidad de detección y el alcance del monitoreo. En particular, el eDNA permite la detección de especies poco abundantes, de difícil observación o potencialmente invasoras, y fortalece así la generación de información confiable y la toma de decisiones orientadas a la conservación y gestión de la biodiversidad.
Investigadores del Instituto Humboldt y organizaciones locales de la Orinoquia y del Magdalena Medio sumarán esfuerzos para monitorear la fauna que los rodea. En la región central del valle interandino colombiano y el Piedemonte Meta se vivirá una experiencia de ciencia participativa, donde la comunidad local aportará al monitoreo de la biodiversidad presente en su vereda.
Una aventura por territorios de la Orinoquía, el Huila y el Magdalena Medio para identificar, en primer lugar, especies de plantas con potenciales usos que le aporten bienestar a las comunidades locales y potencialmente al desarrollo económico alternativo a partir de prácticas sostenibles. En segundo lugar, para descubrir microorganismos, hongos, plantas o enzimasderivadas con la intención de retornarlos a un ecosistema alterado por causa de contaminantes externos.
Durante cuatro expediciones científicas, investigadores botánicos y etnobotánicos, especialistas en especies vegetales y sus usos recorrerán las coberturas boscosas en busca de plantas útiles que puedan utilizarse en beneficio de las comunidades locales y generar alternativas de desarrollo económico local a través de su aprovechamiento sostenible.
Para ello, los expertos dialogarán con los habitantes de las zonas objeto de las expediciones, quienes a partir de sus conocimientos y experiencias de uso de las plantas de su territorio, enriquecerán la investigación a través del intercambio de saberes locales y científicos.
Las recomendaciones finales para el aprovechamiento de las plantas estarán basadas en aspectos biológicos, ecológicos, sociales, culturales, económicos y de viabilidad de uso, que aseguren un manejo sostenible de la biodiversidad y su conservación en el largo plazo.
Son aquellas que por las propiedades o compuestos de interés de algunas de sus partes (por ejemplo tallos, hojas, frutas), pueden utilizarse para fines alimentarios, cosméticos, artesanales, medicinales, entre otros.
Estas plantas pueden aportar beneficios y bienestar a las comunidades locales, a través de alternativas de uso sostenible, con valor agregado y fines comerciales.
En tres expediciones, expertos en genómica del Instituto Humboldt, las universidades de Los Andes (Bogotá) y EAFIT (Medellín), colectarán información genética (y genómica) de bacterias y hongos de agua y suelo. Esta información representará el primer inventario de biodiversidad microbiana en suelos del piedemonte Casanare (Orinoquía), Magdalena Medio y la Ecoreserva La Tribuna (Huila).
Mediante la caracterización genética de las comunidades de bacterias y hongos del suelo, el agua y los sedimentos, se obtendrá información relevante que permitirá estimar su potencial biotransformador de hidrocarburos.
Este insumo será clave en el diseño y puesta en marcha de estrategias de mitigación en casos de derrames de crudo. Con el desarrollo de este componente, el convenio FIBRAS contribuirá en la formación de capacidades en el uso de herramientas genéticas para el monitoreo ambiental en el país.